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2 de diciembre en Trinidad

Una accion que no fructifico, pero dejo huellas

Una columna de rebeldes, el 2 de diciembre de 1958, bajó de las lomas del Escambray, con el objetivo de desestabilizar las fuerzas de la dictadura batistiana en Trinidad; atacando puntos claves, y si era posible tomar la ciudad. Esto sería muy difícil, de no lograrlo, por lo menos le ocasionaría un duro golpe a las fuerzas contrarias.

Pasadas las 6:00 de la tarde del día 2 de diciembre de 1958, fueron asomándose grupos de hombres vestidos de olivo por diferentes lugares, la mayoría ascendía hacia la zona norte, por la calle de La Boca. Rostros sudorosos y extenuados mostraban el agotado andar del día.

Empezaron a preparar la acción desde la noche anterior, buscando cercanía a la carretera; cuenta María Amado Vasallo, vecina entonces del Naranjo: “(...) yo era una niña, pero puedo recordar un grupo numeroso de hombres que pasaron la noche tirados en el portal de mi casa, unos en el suelo, otros en hamacas y partieron al aclarar. Mi padre decía que tenían muchos deseos de tumbar a Batista.”

Las guerrillas fueron agrupándose en varios puntos, cerca de la carretera de Topes de Collantes, hasta la hora de partir, donde cumplirían la orden de subir a los vehículos que los trasladarían a unos 4 ó 5 kilómetros , antes de llegar a su objetivo. Algunos adelantaron por los triíllos del lomerío para ir recopilando información para su tropa.

Cuando penetran en la ciudad, la población reconoce a los trinitarios, les brindan afecto y estrechan con ellos sus manos. Sumado a esta situación y el hecho de encontrarse en su propio territorio, hizo que algunos subestimaran al Ejército. Otros guiados por el entusiasmo, aprovecharon la cercanía de sus casas y visitaron a familiares y amigos. Los rebeldes fueron alertando a quienes encontraban a su paso, pidiendo que se cobijaran porque de seguro se enfrentarían con el Ejército.

La tarde apacible se tornó convulsa. La ciudad fue estremecida por el sonido de los tiros. El Juzgado Municipal, situado en la calle Boca, esquina Gutiérrez, sufrió un incendiado; sus llamas provocaron el pánico en algunos pobladores. La acción había tenido ya sus inicios desde antes de entrar, algunos habían prendido fuego a la casa del representante René Gregorio, en las afueras de la ciudad.

Se dispersaron hacia varios puntos, inicialmente por las calles de Gutiérrez, Jesús María, Boca y Carmen, portando armas muy diferentes a las del Ejército bastitano, de poca efectividad. En su avance por la calle de Gutiérrez, trataron de quemar el Juzgado de Instrucción y finalmente no lo consiguieron. Piro Guinart atacó la Zona Fiscal, arremetiendo a culatazos contra la puerta, desafiando al soldado del Ejército que allí se encontraba; pero no pudo penetrar, así fueron los demás intentos.

En la calle de Jesús María, esquina Rosario, trataron de incendiar el Teatro La Caridad , tirándole un Coctel Molotov, fallando en dicho acto. En esta misma calle, balacearon al Centro Telefónico, provocándole varias averías, así como al Banco Continental. Los guardias del Ejército reaccionaron ante esta situación y desplegados en un jeep recorrieron las calles de Boca, Desengaño, Jesús María, Gutiérrez y a su vez fueron dispersando hombres, los cuales se fueron enfrentando a los rebeldes en el desarrollo de las acciones.

En el desarrollo de la acción, fueron cayendo hombres. Muy cerca del parque, entre Jesús María y Colón, cae herido gravemente Francisco Cadahía, recibió un tiro disparado desde el techo de una casa. Piro Guinart, su compañero, no vaciló ni por un instante y de forma arriesgada, lo trasladó hacia una clínica privada nombrada “Trinidad”, ubicada en la calle de Santo Domingo.

Allí lo dejó en manos de un médico, pero el avance de los guardias por dicha calle era incontenible. Tuvo que escapar por el fondo, atravesando los techos, sin poder avisar a ningún familiar para que lo auxiliara. Finalmente, muere en un enfrentamiento en la calle de San Procopio, esquina Alameda. Cayó allí el “Teniente”, el hombre dedicado a sumar consigo a otros.

En la calle de Santo Domingo, ocurrió un fuerte enfrentamiento, entre el jeep de la Guardia Rural que avanzó hacia el encuentro de dos compañeros. Anastasio Cárdenas cayó herido en una pierna, los guardias le piden que se rinda. Su compañero Agustín Bernal trató de ayudarlo y en este intento recibió una ráfaga de balas junto al Comandante Cárdenas.

En el callejón de San Luís, cayó otro joven trinitario: Carlos Echenagusía Peña, muy conocido por su intensa labor revolucionaria. Los rebeldes tuvieron otro hombre herido, que milagrosamente lograron sacar de la ciudad, conocido por “Cutín”, el cual se restableció posteriormente. El Ejército batistiano sólo informó de un soldado herido, el cual fue trasladado hacia Santa Clara, en una avioneta en compañía de Francisco Cadahía.

Como resultado de los heridos, las bajas sufridas por los rebeldes, la poca resistencia de su armamento, superado grandemente por los batistianos que además recibieron refuerzos de la marina, se agotó la resistencia de los barbudos. Sumado a esto, la gran dispersión entre ellos y la evidente falta de organización, los conducen a una obligada retirada, realizada por diferentes puntos de la ciudad. Ya amaneciendo, el día 3 de diciembre, comienzan a aparecer en las calles los bultos que delataban los cadáveres de los caídos en la acción el día anterior.

El día 3 los guardias tiraron los muertos encima de una camioneta, unos al lado de los otros, ensangrentados y con numerosas heridas de balas, Mientras, sus familiares desesperados se trasladaron a los cementerios: católico, y el cementerio de Desengaño para exigir la devolución de los mismos.

La ciudad había quedado agitada, el temor de los guardias de un nuevo ataque los mantenía alertas (....) Como a las cuatro de la tarde se propagó la noticia que los rebeldes estaban de nuevo en la calle Boca, formándose la consiguiente alarma que hizo cerrar a todo el mundo inclusive los comercios.

Las avionetas del Ejército dejaron caer algunas pequeñas bombas en los alrededores de la ciudad, momentos que aprovechó el Ejército para enterrar los cadáveres en el cementerio de Casilda, según informó el periódico Actualidad . Amarrados de pies y manos, envueltos en nylons, los arrastraron hacia una fosa común.

Los restos de los 4 caídos, fueron exhumados el día 14 de febrero de 1959, por la mañana. Estaban todavía en estado de descomposición, Anastasio Cárdenas fue enviado a su lugar de origen. En el caso de Piro, Carlitos, y Neno, fueron preparados y trasladados al Centro de Veteranos para ser velados junto a Jesús Betancourt.

Referente a Paquito, sus familiares decidieron exhumar sus restos el día 28 de mayo, día que cumpliría 18 años. Finalmente ese mismo día su pueblo pudo acompañar los restos hasta el cementerio, quedando para siempre al igual que sus compañeros en las página de la historia.

(Belkis Abrahante Castellano y Alberto Entenza Novoa, especialistas del Archivo Histórico Municipal de Trinidad.)