Acercamiento al desarrollo de la Literatura en Trinidad, en los siglos XIX y XX
Por: Juana Mª Vázquez López y Odalis Ramírez Escobar
8/abril/2010
En la ciudad de Trinidad todo parece dormitar en el tiempo, como ella misma, más a pesar de lo añeja, a diario, desde su fundación, suceden cosas interesantes en todos los órdenes, pero más en la Literatura, pues desde sus inicios fue sentando pautas para constituir lo que es hoy, una fuerte tradición literaria, y todo gracias a las personas que a través de todos los momentos se hicieron responsables del tema.
Fue muy importante para los trinitarios que c uando la literatura cubana se encontraba en un período de transformación, se inaugurara en la ciudad, en 1820, la primera imprenta propiedad de Don Cristóbal Murtra, año en el que también se editó el primer periódico, La Corbeta Vigilancia y nombre que luego cambiara por Correo de Trinidad .
El surgimiento de la alta burguesía azucarera trinitaria trajo consigo que durante las primeras décadas del siglo XIX se desarrollara un ambiente de refinada cultura, favorecido en lo fundamental por la paradigmática tertulia de Domingo del Monte, que se organizaba a nivel de la isla, y en la ciudad se realizaba en la casa de don Justo Germán Cantero, a la que asistía lo más avanzado del pensamiento de la época. En ella participaron creadores tan importantes como Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido), el patriota Fernando Hernández Echerri o el poeta esclavo Ambrosio Echemendía.
En 1856 ve la luz la primera revista literaria, La abeja , en la que colaboraron distinguidos intelectuales, entre ellos, Tristán de Jesús Medina, José Fornaris, Adelaida del Mármol, Úrsula Céspedes de Escanaverino, y Manuel Hernández Echerri.
Algo trascendental sucedió en 1860 con la publicación de la novela Una flor de trópico , atribuida a Juan Manuel Villén, que salía en formato de folletín en el periódico El Telégrafo ; esta expresaba el gusto romántico y sentimental del autor además de reflejar las costumbres de la época con un estilo particular.
En el 1865 se publicó una recopilación de versos, aunque no completa, con el título Murmurios del Táyaba , de Ambrosio Echemendía, en el que expone sus sentimientos con gran sensibilidad, dando a conocer la huella que en él dejó la sociedad que le tocó vivir. Esta obra fue editada por la Oficina Tipográfica de Rafael Orizondo, en Trinidad.
Es importante destacar la fundación de la sociedad Pro Trinidad , en 1942, organización que se preocupó por el desarrollo cultural del municipio y por darla a conocer a todos los niveles, resaltando todos sus valores. Fue significativa, en este sentido, la labor de Manuel de Jesús Bécquer Medina.
Valioso fue en el siglo XX la edición de Historia de Trinidad , del periodista Francisco Marín Villafuerte, en 1945, obra que refleja la labor intelectual de Rafael Rodríguez Altunaga, autor de la obra Las Villas, biografía de una provincia .
Con el triunfo de la Revolución , en 1959, el ambiente cambió a favor del desarrollo literario. Prolifera en la villa una literatura muy importante para entender todos los procesos sociales en general, materializada en el Coloquio de la Cultura Trinitaria, evento que aún perdura por la cantidad y calidad de los investigadores.
A partir de la década del ‘70 del siglo XX existió una generación de investigadores y ensayistas con un papel importante, en una Ciudad Museo que mereció en 1988 la distinción de Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, UNESCO y fueron iniciadores de la labor cultural, desde sus instituciones, a través de su creación, Alicia García, Teresita Angelbello, Víctor Echenagusìa, Carlos Joaquín Zerquera, Alfredo Rankin, Roberto López, Bárbara Venegas y Carlos Enrique Sotolongo. Ellos se preocuparon por la conservación y difusión del Patrimonio cultural de la Villa.
Existen otras generaciones integradas por Ofelia Barceló, Miguelina Duarte, Yara Aróstica, Gloria Arrechea, Armando Quevedo, Diana de la Calle , Elvia Albert, Lisset Boggiano, Lisbet Chaviano, Manuel Viera, y María de la Caridad Lahera, entre otros, que coexistieron en el tiempo.
Muestra también de este quehacer literario son los críticos de arte que aunque no son los más abundantes, juegan un papel fundamental por todas las manifestaciones artísticas que existen en la ciudad. Son ellos Luis Blanco, Carlos Enrique Sotolongo, Orestes Arocha, Bárbara Venegas y Yansert Fraga León, entre otros.
Existe una fuerte tradición literaria que se acentuó con la aparición del Taller Literario José Martí y que se enriquece con el intercambio, en el caso del género lírico, de los creadores aficionados, sin tener en cuenta los cánones establecidos, expresando siempre con profundo lirismo su sentir, su visión de la realidad.
En una primera generación encontramos a Héctor Miranda, poeta; Pablo Dalmau, dramaturgo y narrador; Nelly García, escritora; William Saroza, pintor y poeta; Manuel Alberto García, poeta y teatrista y una segunda generación donde se entremezclan profesiones, actitudes y aptitudes ante la vida, cuestión que es interesante en este período y que por supuesto está favorecida por la labor del taller literario, con poetas, directores y cantantes de música tradicional campesina, dibujantes y pintores, investigadores, profesores de Educación Primaria, actores y trovadores, integrada por Pavel Esquerra, José Tadeo Tápanes, Norbelis E. Medrilla, Pedro J. Medina y Anisley Miraz, entre otros.
Merece destacar el trabajo institucional, pues los centros culturales trinitarios acogen todos los meses a la vanguardia artística del municipio para promocionarla en sus actividades. La iniciadora de estas propuestas fue la Biblioteca Municipal Gustavo Izquierdo, fundada el 21 de abril de1963, encargada del atesoramiento y conservación de sus bienes y por ende interesada por su contribución al desarrollo de la cultura de los trinitarios. Otros han seguido sus pasos, y entre ellos están los museos Romántico, de Arquitectura Colonial, el Municipal de Historia, el de Arqueología, la Casa de Cultura y la Casa del Joven Creador.