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De San Blas, y otras historias

Campanas1. Foto Yansiel Balmaseda..JPGPor: Yansiel Balmaseda Rondón

A partir de la fundación de las primeras villas cubanas a cargo del Adelantado Diego Velázquez la iglesia Católica ha jugado un papel fundamental como eslabón fundamental para el desarrollo religioso y de poder en la isla de Cuba.

No sería nada extraño encontrarse a través de toda la nación, nombres de asentamientos, pueblos y ciudades, con iguales nombres de iglesias y ermitas, donde alguna vez existió culto a diferentes imágenes de la mencionada religión.

Tal es el caso de Palmarejo, asentamiento localizado en el poblado de Caracusey, perteneciente este último a la añeja villa de Trinidad, fundada en enero de 1514 y enclavado en el reconocido Valle de los Ingenios.

La historia cuenta de una ermita construida de cal y canto, con techo de tejas, un salón de misas y un segundo que pudo ser la habitación del párroco, y que bajo el nombre de San Blas de Palmarejo, comenzó a funcionar entre los años de 1775 y 1907, debido a un pequeño asentamiento del mismo nombre de familias y pequeños terratenientes criollos, que profesaban la fe católica.

La visita eclesiástica del señor Morrel, de Santa Cruz y Obispo de Cuba, dan fe de su existencia: “…Marché hacia la villa de Sancti Spíritus, queda al sudeste de Trinidad, en el intermedio hay un curato conocido como el Palmarejo: su titular, San Blas, situado en la jurisdicción de la mencionada villa. Estuve en su iglesia que es de teja y piedras con su altar: su sacristía, y un cuarto para la habitación del cura todo muy estrecho y pobre…”

Después de una extensa lista de párrocos* que prestaron servicio en este lugar en diferentes etapas de la existencia de la edificación, esta dejó de funcionar lo cual provocó el éxodo de muchas de estas familias, hacia otras zonas de la región y la destrucción de la ermita por falta de atención.

Campanas2. Foto Yansiel Balmaseda..JPGLa historia, llevada de generación en generación hasta nuestros días, cuenta de un grupo de cañeros que por el paso entre Palmarejo y el actual asentamiento de Mainicú, encontraron intactas dos imágenes, construidas de madera su parte visible, y la restante de un relleno comparado con el yeso, vestidas con ropa de seda, varón y hembra, correspondientes a San Blas de Palmarejo y a nuestra Señora de la Candelaria , pertenecientes a la mencionada ermita y trasladadas de Canaria hacia este lugar, en 1714.

Sabiendo ellos de la fe católica que profesaban la familia Arbolaez; en el poblado de Caracusey, le hicieron entrega de ambas estatuas, donde por más de dos años estuvieron bajo el cuidado y devoción de la familia hasta que posteriormente pasó a formar parte de la familia Rodríguez Matiol, especialmente bajo la devoción de las tías Caridad, Dolores y Candelaria, y donde actualmente se encuentran, sito en la calle Iglesia, del poblado de Caracusey.

Según palabras de Leonel y Aleida Suárez; testigos de toda la existencia de ambas imágenes, cuentan que en una ocasión la habitación donde se guardaban ambas imágenes se incendió. Las imágenes se deterioraron tanto que tuvieron que trasladarlas a la Habana a cargo del padre Álvaro para su restauración. A su regreso, fueron recibidas con júbilo por gran parte de la población.

Del cementerio y sus campanas

La historia también juega contrastes y enigmas, que suponen situaciones inexplicables debido al paso del tiempo, y a pérdidas de documentos evidentes de hallazgos que dieran con el quid del asunto. Tal es la existencia de 3 campanas, en tamaños diferentes, que ocupan el lugar del antiguo cementerio de Caracusey, donde también existía una pequeña ermita, debido a hallazgos de osamentas de cadáveres desenterrados, y de una lápida que pertenecía a Don Calixto Morrel y Sarmiento; lápida que desapareció recientemente del patio de una de las familias vecinas al camposanto.

Las primeras dos campanas llevan inscripciones de la época. La mayor, “A nuestra Señora de la Candelaria.1866 ”, la segunda, aunque no debe la inscripción a ninguna imagen, se dice que se hacía tocar en el día a San Blas de Palmarejo, y la tercera campana, se tocaba para el llamado de alguna dotación de esclavos.

Campanas3. Foto Yansiel Balmaseda..JPGDebido a la desaparición física de todos los testigos de la época, se desconoce el origen de estas tres campanas y el momento en que fueron colocadas en ese lugar, Mas la tradición cuenta que las campanas pertenecen a una primitiva ermita que existió donde hoy están colocadas.

Las historias se entretejen.

Ambas historias se entretejen para al final formar parte de la indiosincracia del cubano. Cada ciudad y pueblo de esta hermosa isla lleva impregnada en sus raíces fiestas tradicionales conjugadas con ese sabor religioso -legado por la creencias religiosas- y que en estos últimos tiempos se han fortalecido aún más. En Caracusey, debido a esta magia, se adoptó el 3 de febrero como día de San Blas, en alusión a esta imagen que hoy yace, esbelta. En el año 2006, bajo la supervisión del Obispo de la Diócesis de Cienfuegos, monseñor Emilio Aranguren; y el envío de la tela desde España, para la confección de la vestimenta, se le realizó una reparación total a ambas imágenes; sobre todo en un dedo de San Blas, que entonces dejó de sujetar el báculo hasta su restauración, develado el 25 de enero de ese año, vísperas de la novena.

El 3 de febrero de 2007 se retomó la tradicional procesión, a cargo del padre de turno Víctor Gutiérrez Zapata, perteneciente a la iglesia de Paula, de la villa de Trinidad.

La fiesta comienza dos días antes a la del día oficial: Justo a las doce de la noche del segundo día, son tocadas las tres campanas en señal de buena suerte y prosperidad; superstición y tradición que reúne a casi toda la multitud que trasnocha bajo estas festividades, esperando el advenimiento de un nuevo amanecer, Bajo los jolgorios de peleas de gallos, agrupaciones musicales del patio, y de un variado y extenso servicio gastronómico.

*La biblioteca del archivo parroquial de la iglesia Santísima Trinidad guarda el libro que recoge un listado de todos los párrocos que prestaron servicio en esta ermita. Se destaca, entre otros, el paso por este lugar, del Obispo Espada, enviado del Papa.

También recoge evidencias de libros de defunciones, bautismos y matrimonios realizados allí. El primer libro de bautismo data del 12 de julio de 1775. En el historial de las fundaciones religiosas aparece como libro abierto de partidas de bautismo, oficiando el beneficiado Dn. Sph de Molina, cura rector por su Majestad de esa santa iglesia parroquial que en esa fecha bautizó solamente a una niña de 8 días de nacida, hija legítima de Miguel Yoróa y Tomaza Díaz, poniéndole por nombre Jpha. Maria.