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Hombradía del héroe de Masinicú*

Alberto Delgado Delgado. Foto Escambray Digital.jpg29/abril/2010

El 28 de abril de 1964 un niño encontró en una finca aledaña a la carretera de Trinidad a Cienfuegos (Circuito Sur) el cuerpo exánime de un hombre colgado a un árbol por medio de un alambre de púas, hallazgo que comunicó de inmediato a las autoridades locales.

Los oficiales del Ministerio del Interior (MININT) que acudieron al lugar supieron al instante que se trataba de Alberto Delgado Delgado, quien fungía como administrador de la finca Masinicú, cercana a la villa trinitaria, y era el agente El Enano del  Departamento de Seguridad del Estado (DSE), pero no pudieron en aquel momento reconocerle esa condición y atribuyeron el hecho a un ajuste de cuentas entre bandidos. Entonces se le hizo un entierro prácticamente anónimo.

Sólo sus jefes inmediatos y su esposa Tomasa del Pino sabían la verdadera condición de Alberto, un cubano de raíz canaria y humildísimo origen campesino que había sido miembro del Ejército Rebelde en la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista y que, una vez licenciado, asumió la peligrosísima misión de infiltrarse entre individuos sanguinarios, ejecutores de numerosos crímenes.

Entonces se decide ubicarlo en la zona de Trinidad, lugar muy próximo al lomerío del Escambray, donde tenían su acantonamiento numerosas bandas de alzados contrarrevolucionarios.

En estrecha comunicación con el DSE, Alberto asumió la administración de la finca Masinicú y allí, por medio de diversos contactos a través de terceros, estableció relaciones de colaboración con elementos desafectos en Trinidad y Sancti Spíritus, así como con algunos cabecillas de bandas contrarrevolucionarias.

Para fines de 1963 e inicios de 1964 la presión del pueblo uniformado sobre las cuadrillas de asesinos se hace tan grande que una parte son capturados en sangrientos encuentros, otros caen en combate, en tanto, algunos logran escapar hacia el exterior. Entre Alberto y el mando surge entonces el proyecto de la Operación Trasbordo, consistente en la supuesta salida hacia el extranjero de los remanentes de las bandas que aún quedaban en el Escambray.

Alberto hace creer al comandante de bandidos Alfredo Amarante Borges (Maro Borges) que dispone de los contactos para sacarlo al exterior y en la fecha convenida lo traslada a él y su caterva hasta un lugar situado en el norte de la actual provincia de Ciego de Ávila, donde en un bote de una cooperativa pesquera, un agente del DSE los transporta hasta un barco cubano disfrazado con las insignias de la marina de los Estados Unidos.

Una vez realizado el viaje de Maro Borges y los suyos, el autotitulado comandante en jefe de las autoproclamadas fuerzas de liberación, Julio Emilio Carretero, exige a su vez ser sacado del país, a lo que Alberto accede. Pero en medio de su natural desconfianza, Cheíto León, otro jefe de banda, conviene una contraseña secreta con Carretero, que deberá ser transmitida a su llegada a los EE.UU. por una vía distinta a la empleada en el caso de Borges.

Cuando venció el plazo pactado, sin que se recibiera la clave concertada, León llegó al convencimiento de que todo se trataba de una trampa y que Alberto Delgado era miembro del DSE, por lo que procedió a asesinarlo.

El 29 de abril de 1967 son exhumados los restos de Alberto y en sencilla ceremonia se le entregó a su viuda la orden de ascenso póstumo al grado de teniente. Entonces se le hace un funeral público y se le rinden honores militares.

Tiempo después comienza a filmarse la antológica película El hombre de Masinicú, por medio de la cual sus compatriotas de todo el país, e incluso personas de otras latitudes, conocieron la vida extraordinaria de este humano, quien frente el riesgo formidable de la Operación Trasbordo dijo a sus superiores: Si hay que poner un muerto, ese seré yo.

*Tomado de Escambray Digital