Importantes centros turísticos de la villa trinitaria
Por: José Rafael Gómez Reguera
Trinidad descuella por ser el principal destino turístico del centro sur de Cuba, con sus inigualables valores arquitectónicos, que clasifican como uno de los conjuntos mejor conservados de la etapa colonial en América.
A pocos kilómetros de la ciudad de Cienfuegos y a escasos minutos de la ciudad de Sancti Spíritus, Trinidad es un lugar para el disfrute pleno, lo mismo si se arriba por vía aérea que por carretera o a través de la Marina Trinidad, en la costa sur.
Junto a las hermosuras que representan calles y plazuelas empedradas, amplias casonas, palacios y palacetes, el turista puede complacerse con plazas y plazuelas, museos, casas-museo y otras instituciones culturales, así como con varios lugares de esparcimiento.
El polo turístico de Trinidad, uno de los más completos de Cuba, se caracteriza por una excelente combinación de estas propuestas culturales con sus bondades de sol y playa, con las playas Ancón, María Aguilar y La Boca a la cabeza, y sus hoteles Ancón, Costasur y Brisas Trinidad del Mar.
En la propia ciudad, está todo un símbolo del turismo trinitario: el hotel Las Cuevas, rodeado de famosas cavernas y sus leyendas, en una de las cuales existe el único Museo Espeológico de Cuba bajo una cueva natural.
Asimismo sobresalen, en el actual centro urbano de Trinidad, los hoteles La Ronda y el Grand Hotel Iberostar Trinidad, surgido a principios del siglo XXI, fruto de una importante tarea de remodelación y restauración de esa zona de la antigua Plaza Carrillo, justo frente al emblemático Parque Céspedes.
Otras oportunidades que no deben dejarse de disfrutar son las que ofrece la montañosa Topes de Collantes, a 800 metros sobre el nivel del mar, una simpar reserva ecológica, con un especial microclima e instalaciones para el turismo de salud como el Kurhotel Escambray y el hotel Los Helechos.
Todos, el turismo de sol y playa, el que promueve nuestros valores culturales más autóctonos, y el ecoturismo, hacen un conjunto inapreciable, al que se une una especial propuesta: el Valle de los Ingenios, también incluido en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1988, donde subsisten restos de antiguas industrias azucareras coloniales y barracones y enterramientos de esclavos, además de antiguas casonas coloniales campestres, un verdadero museo a cielo abierto, rodeado de grandes plantaciones cañeras.