La certeza de un amanecer de victoria
Por: Karen Reyes Aróstica
1º/mayo/2011
Las relaciones humanas son las que han detonado los eventos históricos que en la actualidad se conocen. Desde la comunidad primitiva, el hombre sintió la necesidad de comunicarse y ser productivo. Unas veces a través de la recolección y otras mediante el uso de instrumentos más avanzados al combinar piedra, metal y madera.
De esta forma evolucionó socialmente el hombre hasta llegar a la creación de clases sociales que constantemente se subdividieron. Una de estas clases siempre cargó sobre sus hombros el peso del desarrollo industrial: los obreros.
Ellos constituyen el impulso motriz de cualquier revolución. Y son los obreros la clase más explotada históricamente. Al punto que en Chicago fueron asesinados trabajadores y dirigentes sindicales sin un número exacto de muertos. A esa cifra desconocida debe adjuntarse todos los otros obreros que fueron despedidos, detenidos, procesados, heridos de bala o torturados. La mayoría eran inmigrantes.
Muchos años después el panorama no ha cambiado ni dista de aquella realidad que estremeció al Héroe Nacional de Cuba, José Martí, hasta hacer brotar las palabras e imágenes más bellas sobre un crimen, en una crónica.
Hoy siguen infinitos gremios y sectores obreros del mundo exigiendo los sueños de justicia laboral: 8 horas de jornada, derecho a la jubilación y pensión en caso de accidente en el puesto de trabajo y otros, que engrosarían una lista inacabable.
Sin embargo, Cuba se levantó temprano con gusto para ir a desfilar. A desbordar de alegría y júbilo las calles que desde hace más de 50 años no conocen lo que es el maltrato, o la explotación. Los trabajadores marchan felices porque saben que han conquistado las quimeras de cientos de miles, que este Primero de Mayo, están en huelga.