Luis Mariano Pérez Martínez: Maestro con mayúscula
Texto y Foto: Paola López Castillo
13/abril/2009
Al cabo de los años, más que un hombre, es casi una leyenda. Una historia mil veces contada, de padres a hijos, de abuelos a nietos, por todo el lomerío. Los más jóvenes no recuerdan sus apellidos. A otros, la neblina de los años les empaña la memoria cuando intentan evocar su figura. Mas, para todos, el maestro Luis sigue allí.
Llegó, allá por 1936, dispuesto a emprender una obra de educación y amor en lo más intrincado del macizo montañoso de la antigua provincia de Las Villas. Con sólo 24 años de edad dejó atrás su Pinar del Río natal, guiado por la voluntad de ejercer su profesión de maestro en una comunidad campesina.
Ayudado por los vecinos, logró levantar el local que se convertiría en la escuela No. 6, de Limones Cantero. Allí atendió simultáneamente, durante más de 10 años, a estudiantes de varios grados o niveles. Llegó a tener una matrícula de hasta 70 niños.
Precursor de la consigna “lápiz, cartilla y manual”, emprendió también la ardua tarea de alfabetizar a los adultos de la localidad. Al caer la tarde, luego de las intensas jornadas de trabajo en el campo, hombres y mujeres que jamás habían recibido lección alguna se afanaban por participar de sus clases nocturnas.
Como parte de su labor educativa, sembró en el alumnado y en la comunidad valores cívicos y morales, patrones positivos de conducta, fomentó la educación formal, el respeto a los símbolos patrios, inculcó el pensamiento y la obra martianos.
Apoyaba a las familias más necesitadas mediante recursos de primera necesidad que compraba con sus ahorros y que muchas veces les hacía llegar indirectamente, para no ofenderles con limosnas. Contagió a muchos con sus deseos de hacer e impulsó tareas de saneamiento y limpieza.
Dejando atrás una estela de gratitud profunda, el maestro Luis se trasladó a la vecina localidad de Condado en 1948. Pasó a ejercer el magisterio en la escuela ubicada en el batey de la finca de Algaba. Con el mismo ímpetu, veló por el aprendizaje, la disciplina y los sentimientos patrióticos de cada uno de sus pupilos. Practicaba con ellos deportes, organizaba trabajos voluntarios, excursiones.
Al iniciarse la Campaña de Alfabetización se unió con entusiasmo a lo que sentía como la materialización de sus sueños. Incorporó alumnos suyos a un grupo de brigadistas que llevó la luz de la enseñanza a otras comunidades rurales del Escambray y colaboró con los milicianos que operaban en la zona.
En 1962, con la satisfacción de haber llevado a cabo la más noble obra educativa y social, el maestro Luis regresó a su provincia natal. Aunque su salud ya no era la de antes, se mantuvo al frente del aula por otros 10 años. Incluso después de su jubilación, continuó censurando el maltrato a los niños.
Luis Mariano Pérez Martínez fallece el 10 de julio de 2004. Hombre excepcionalmente modesto, recibió durante su trayectoria como educador numerosos reconocimientos, pero ninguno le llenaba más de orgullo que las muestras de respeto y cariño que recibía de quienes habían sido sus discípulos.
Hoy su entrega a la humanidad vuelve a sentirse en el Consejo Popular de Condado, del municipio de Trinidad. Como tributo merecido, un monumento eterniza la huella que dejó en estos parajes. La inscripción describe la meritoria labor desarrollada durante 26 años; pero, para l os pobladores de Algaba, Limones Cantero y asentamientos vecinos bastaría que dijera: “ Maestro con mayúscula ”.