Mella: la muerte no te tiene consigo
Por: Karen Reyes Aróstica
10/ene/2011
La muerte pocas veces se piensa como el refugio de las esperanzas pero muchas veces lejos de acabar con la vida de una persona, la convierte ella misma en mártir. Así pasó con Julio Antonio Mella.
Los gánster de moda pensaron que todo lo resolverían monstruosamente, bárbaramente, porque su incapacidad para idear otros métodos efectivos no estaba cercano a sus neuronas y porque ya lo habían intentado y no pudieron.
Junto a su amor había partido de la Isla el líder estudiantil más importante de los años 20, la figura que había logrado unir dos generaciones de valientes en un mismo partido. Iban camino al cuarto donde compartían las tareas revolucionarias y sus urgencias.
Los universitarios de hoy encuentran en las ideas de Mella muchas veces la actitud que se debe asumir ante las nuevas exigencias de compromiso social de esta generación con los objetivos conquistados en 1959. No existe un estudiante que en el momento de exigir sus derechos y cumplir con su deber no piense en Mella, en la reforma universitaria que exigió, en los artículos que escribió, en la integridad de su carácter cuando se declaró en huelga de hambre y resistió.
No bastaron sus testimonios ni los de quienes lo conocieron y trasmitieron su entereza cada día a sus familiares o a los historiadores para que todos conocieran la verdadera personalidad de este hombre, que desde su pose de galán de telenovela nos reta y nos consiente, nos aprueba y recrimina, nos exige y nos convida a no perder el amor…
Hoy, 81 años después, un hombre de 26 años se pasea entre las nuevas generaciones de universitarios y debate con ellos su ideario antiimperialista y es escuchado y se sabe con seguidores de su palabra que es la palabra de muchos otros hombres que como él murieron para seguir viviendo.