Siete hombres, una ciudad, una canchánchara
Por: Karen Reyes Aróstica
16/jun./2011
Una cucharadita de miel, 7 ml de limón, 45 de aguardiente, agua y hielo. Revuelva todo al gusto, o mejor al ritmo de Son Trinitario, la agrupación que ameniza en el centro taberna La Canchánchara.
Y allí… bajo aquel techo de tejas, con las cañas sembradas y listas para ser cortadas si desea un guarapo. Allí, no solo se escuchan las canciones de la música tradicional cubana sino un repertorio variado
y con influencias de jazz latino, merengue, calipso y otros ritmos caribeños que despiertan en el bailador el cosquilleo de la danza.
Con 20 años de creado, este septeto no se limita en cuanto al repertorio y la riqueza percutida y musical que pueden ofrecer los instrumentos piano, bajo, flauta, percusión menor, tumbadoras, pailas y por supuesto, las voces.
Aunque es difícil verlos en presentaciones fuera de la taberna, han recorrido buena parte del mundo y han tocado con importantes artistas de talla internacional como Wily Colón, Maraca, Oscar de León, el Buena Vista Social Club y más, en países como Francia, Suiza, España, Portugal e Italia, además de participar en la gala del festival de Cine Insular.
Pero estas presentaciones no les llenan los ojos ni los alejan de su esencia criolla y trinitaria, pues al decir de su director, Carlos Zerquera Hernández, el objetivo fundamental del grupo es hacer música para que el bailador disfrute el espectáculo y pueda demostrar cuántos ritmos sabe.
“Nosotros no paramos, antes del concierto siempre nos reunimos y nos damos ánimo… luego en el escenario no hay un segundo de tranquilidad entre una canción y otra. Nos miramos y sabemos qué viene, quién entra solo, quién dice qué. Sin dudas es un trabajo fuerte pero nos place hacerlo.”
Tal vez a usted le parezca pura ficción esto que le cuento, pero algunas veces la realidad supera la fantasía. Son Trinitario es una muestra de ello.