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Trinidad y sus teatros: encantos y desencantos de una villa

Ruinas-del-Brunet-vista-ext.jpgPor: Mairette Lorente Alfaro

22/enero/2010

El teatro, o theatron (lugar para ver) como su acepción original lo indica, constituye una edificación con personalidad propia, cuya esencia constructiva es la misma desde que los griegos idearon un espacio de cómodo disfrute para la contemplación de las tragedias y comedias, progenitores por excelencia de la representación teatral.

Este tipo de inmueble, cuya evolución va desde los anfiteatros excavados en las laderas de las colinas en la antigua Grecia; las inmensas construcciones romanas sustentadas en sistemas de galerías, las iglesias en el Medioevo, los pórticos de las catedrales, las plazas y las calles; las casas y palacios de los nobles renacentistas, hasta alcanzar el esplendor y la significación que posee un teatro en la actualidad.

De madera, de piedra, al aire libre, con toldos o techados, hechos o no para la representación, los teatros han ganado un espacio dentro de la sociedad hasta convertirse, con el tiempo, en el alma cultural del lugar en el que se hayan enclavado.

Trinidad, ubicada al centro sur de Cuba, posee uno de los centros históricos patrimoniales más grandes de la Isla, por lo cual fue declarada en 1988 Patrimonio Cultural de la Humanidad; pero su rico y conservado tejido urbanístico carece de un inmueble dedicado al teatro.

El reconocimiento internacional al patrimonio trinitario se debe en gran medida a las bellezas de este inigualable entretejido urbano, por esa razón hoy, en el Día del Teatro cubano, la historia de las edificaciones dedicadas al teatro en esta ciudad constituye sincero homenaje a esta manifestación de la identidad local y nacional.

En el siglo XVIII, las funciones teatrales en la región se realizaban de forma espontánea, por aficionados, y las obras representadas tenían un carácter religioso. El 1778, surge la Compañía de Dramáticos, la cual constituye el embrión del teatro profesional en Trinidad. A principios del XIX, compañías de cómicos de paso realizaban funciones en patios de viviendas, hosterías o fondas y en las plazas de la ciudad.

El éxito de estos entretenimientos entre la población condujo a la edificación del primer teatro de Trinidad, el cual tenía un carácter provisional. De madera y tejas, la primera función de este teatro fue en la noche del 2 de septiembre de 1828 y estuvo presidida por quien en aquel entonces fuera Gobernador de la región central del país: Don Miguel Domínguez de Guebara.

Según Alicia García, en su libro Trinidad de Cuba. Ciudad, plazas, casas y Valle , publicado en el 2004: Con el tiempo, el teatro fue conocido con el apellido del actor Santiago Candamo, figura muy admirada y querida en la época. Pasaron, además, por su tablado las compañías de Covarrubias, Torrecillas, Armeta y Robreño, entre otras.

Antes de celebrar su décimo cumpleaños, el teatro Candamo fue destruido por un ciclón y los intentos por reconstruirlo no tuvieron éxito. Posteriormente fue improvisada una nueva edificación, a la que llamaron Provisional y fue inaugurada el 24 de julio de 1839, para festejar el cumpleaños de la Reina gobernadora María Cristina.

Ruinas-del-Brunet-vista-ext-1.jpgTrinidad, en esa época, era una ciudad esplendorosa, rica, elegante y de elevada cultura, por lo cual no se conformaba con un teatro a medias, “provisional” lo cual motivó que representantes de la aristocracia azucarera (sacarocracia criolla), liderados por Nicolás de la Cruz Brunet y Múñoz de Vélez, conocido como el Conde Brunet, reunieran capital y solicitaran autorización al Gobierno General de la Isla para levantar un teatro.

A principios de 1940 abre sus puertas el Teatro de Brunet, sin siquiera haber concluido su construcción. Según describe Alicia García, en el libro mencionado: El teatro Brunet fue un coliseo moderno, de cuatros pisos, con la posibilidad de poner a un mismo nivel el escenario y la platea para transformarlo en salón de baile. De franca factura neoclásica, fue uno de los edificios de su estirpe más destacados de Cuba en la primera mitad del siglo XIX.

Se considera que por lo acelerado de su construcción, el inmueble tuvo problemas desde sus inicios. En 1878 fue declarado en ruinas; pero en 1883 es inspeccionado y proclamado en buen estado constructivo, dando continuidad a las funciones. Después de varios arreglos superficiales, a principios del XX, se derrumba totalmente.

Las representaciones se mantuvieron con cierta irregularidad en las salas de las sociedades de recreo, en el pequeño teatro La Tertulia y en la sede de La Filarmónica, pero la desaparición del Brunet dejó un vacío innegable.

En Las Villas (Biografía de una provincia) , escrita por el Dr. Rafael Rodríguez Altunaga, en 1955, el autor expone: Allá, por los años de 1907 ó 1908 se construyó un pequeño teatro que fué echado al suelo para hacer apartamentos. Muchos años después, se levantó el “Teatro de la Caridad”, que es pequeño y se usa normalmente como cinematógrafo.

A mediados de la década del 30, Trinidad vio nacer al Teatro de la Caridad, por su tablado pasaron muchas de las más renombradas figuras de la escena cubana entre las décadas del 30 y el 50, sobre todo de teatro vernáculo y musical; pero esta locación en la actualidad, para tristeza de muchos, se encuentra en un estado de deterioro y abandono total.

El Cine Romelio Cornelio y los pequeños teatros de instituciones del territorio constituyen apretadas sedes de las actividades políticas y culturales que exigen la utilización de un teatro; pero hoy Trinidad demanda la existencia de una construcción dedicada expresamente a estos elevados fines.

Si bien es cierto que la presencia de una edificación dedicada a la representación teatral no es estrictamente necesaria para el desarrollo y la expresión de este arte; la presencia de un teatro condiciona, garantiza y reanima el despliegue de esta manifestación artística a la que hoy, con esta breve historia, le brindamos homenaje.