Trinidad: un museo a cielo abierto
Por: Juan Carlos Naranjo
18/mayo/2011
Custodios y divulgadores del patrimonio son los museos: extraordinarias ventanas abiertas al conocimiento. Y es que visitar cualquiera de esas instituciones es como transitar por los diversos túneles de la ciencia, el arte y el conocimiento en general.
Desandar por el centro histórico de la Tercera Villa fundada por los españoles en Cuba, es visitar, casi sin percatarnos, una colosal instalación de ese tipo.
Trinidad es un museo a cielo abierto que abraza a otros instalados en vetustas casonas, muy concurridas diariamente por turistas nacionales y extranjeros.
En la Plaza Mayor se levanta el Museo Romántico, en lo que fuera la mansión de la familia Brunet. A un costado de este el de Arquitectura Colonial, donde viviera la familia Sánchez y al otro lado, el de Arqueología Guamuhaya, otrora residencia del linaje Padrón. Este último cerrado por más de nueve años.
Más apartados de la Plaza Mayor, añejo núcleo citadino, se ubican el Museo de Historia Local, en el inmueble del Palacio Cantero y el Nacional de la Lucha Contra Bandidos ,único de su tipo en el país, situado en el antes convento de San Francisco de Asís.
A La Trinidad le sobran pretextos para unirse este 18 de mayo a otras urbes del mundo, en la celebración por el Día Internacional de los Museos. Fue en Leningrado, Rusia, en el 1977, durante la Segunda Conferencia General del Consejo Internacional de estas instituciones, que se estableció la efeméride.
Tal acuerdo está bien avalado: crear conciencia del relevante papel de estos recintos en la sociedad. Tratándose de ello, remarquemos el valor del Museo de Arte Cubano de Topes de Collantes, ubicado en la otrora mansión de Ornedo.
Visitemos las casas museos que en otros tiempos dieron cobija a mujeres y hombres que la historia dignifica. Ahí están abiertas al presente las viviendas de Alberto Delgado, Pedro Lantigua y la de José Mendoza, esta última dedicada a los mártires trinitarios.
Esta es la Ciudad Museo del Caribe. Entre las paredes de esos silentes inmuebles, sobreviven las raíces identitarias. Nuestros ojos no escapan de ellas.