Un hombre que ama la historia*
Por: Carlos Luis Sotolongo Puig (Estudiante de Periodismo)
30/junio/2010
Recientemente nombrado como Historiador de la Ciudad de Trinidad, Manuel Lagunilla comparte con Escambray digital sus motivos de júbilo y desvelo en la tercera villa cubana. "Yo estoy tratando de escribir una historia de Trinidad factible de leer por todos, (.) para que nuestro pueblo entienda su pasado", afirma este trinitario raigal.
Entrar al despacho de Manuel Lagunilla significa cruzar el umbral a una dimensión donde lo antiguo y lo contemporáneo se funden de manera ideal. Las Obras Completas , de José Martí , El Quijote, Memorias de Adriano, Cien horas con Fidel, entre otros volúmenes y documentos centenarios rodean a Manolo, de porte caballeresco y voz firme.
Más allá de su reconocida trayectoria como doctor en Derecho, archivero general de protocolos, notario, y fundador de los bufetes colectivos de Fomento y Trinidad, Lagunilla es un trinitario raigal, amante de la música popular cubana, padre de cinco hijos y abuelo de nueve nietos; un hombre que escudriña en las bibliotecas y los archivos en busca de la historia de Trinidad para revivir -no le gusta el término rescatar- el patrimonio intangible de la tercera villa.
Aún deslumbrado con su reciente designación como Historiador de la Ciudad, Manuel Lagunilla dialoga con Escambray digital acerca de un reconocimiento que no cree merecer.
"Apenas me considero un promotor cultural unido a la investigación. Ser historiador tiene un valor extraordinario desde el punto de vista científico. Significa el estudio consecuente para lograr la verdad histórica pero si no hay promoción cultural, para nada nos sirven esos estudios. Si no llega a la gente, la historia no tiene razón de ser. Eso es lo que trato de lograr: que el pueblo entienda la historia".
¿Qué siente cuándo camina por la ciudad?
El amor de sus habitantes. Desde el día del nombramiento, cuando recorro las calles se acercan personas de todo tipo y me dicen: "Usted el historiador del pueblo". Esa es la satisfacción más grande.
En lo adelante aumentarán sus responsabilidades. ¿Cómo distribuirá su tiempo para no abandonar espacios habituales que mantiene desde hace años?
Pienso seguir preparando mi programa de radio que creo ha contribuido a destacar nuestras leyendas, nuestros personajes populares; mantengo una tertulia desde hace dos años y nueve meses, sin faltar un domingo. Tampoco abandonaré la literatura. En estos momentos terminé una novela. Estoy también realizando, junto a otras investigaciones, una sobre el esclavo trinitario Matías Michilena, oficial del Ejército Libertador, participante en las tres guerras de independencia, del que se sabe poco.
En Trinidad, no obstante las acciones de conservación, aún se percibe el deterioro algunos edificios.
Yo veo el deterioro y me preocupo, porque no hay historia patria sin historia local. La nuestra es una ciudad única en el mundo con sus calles empedradas, los colores, la claridad, el clima, la cercanía de las montañas, los ríos, las playas; pero si no tomamos medidas, en un futuro no muy lejano esos edificios van a desaparecer.
Por otra parte, para la conservación del legado cultural solo se requiere la voluntad del pueblo. Ahí es donde hay que ir: al seno de las tradiciones. No requiere costo alguno. Todo depende de nosotros.
¿Qué opina de la relación turismo-patrimonio?
Si tenemos nuestro patrimonio tangible e intangible, lo más inteligente es ponerlos en función del turismo. Esta ciudad es un emporio de riquezas sin explotar aún. Lo que hace falta es una visión más futurista, que puede lograrse a través del trabajo serio y consecuente.
Los historiadores que le antecedieron dejaron huellas visibles: el primero, Francisco Marín Villafuerte legó su libro Historia de Trinidad; Manolo Béquer descubrió los valores patrimoniales de la ciudad para el turismo; el tercero, Carlos Joaquín Zerquera, inauguró, entre otras instituciones, el Museo Romántico, uno de los sitios más visitados en la villa. ¿Cuál será la huella de Manuel Lagunilla como cuarto historiador?
Es muy interesante porque conocí a los tres: iba de la mano de mi madre a los Congresos de Historia celebrados en Trinidad. Allí conocí a Marín Villafuerte muy anciano. A estos eventos asistía también Carlos Joaquín aún muy joven, aunque después compartí con él infinidad de ocasiones. Manolo Béquer compartía con mi familia las ansias de construir una ciudad mejor. Yo estoy tratando de escribir una historia de Trinidad factible de leer por todos, no una obra de carácter científico ni histórico para determinado sector, sino para que nuestro pueblo entienda su pasado. Vamos a ver si me da tiempo la vida para terminarlo.
¿No teme a las comparaciones con el recuerdo de quienes lo antecedieron?
No. Mi razón es una: creo que soy el más pequeño de todos.
*Tomado de Escambray digital