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Trinidad: la Ciudad Museo del Caribe
Veintiún años después del descubrimiento (1492), el Adelantado Don Diego Velázquez funda la Villa de la Trinidad, en 1514. En principio, sólo sirvió como base de nuevas expediciones y conquistas. De allí partió Hernán Cortés en 1518 a conquistar México. Años después, el clima saludable, la feracidad de las tierras y el fácil acceso al Mar Caribe atraen a numerosos colonizadores, quienes se establecieron definitivamente en la Villa. Hacia el siglo XVII ya prosperaban la agricultura y la ganadería. Se exportan frutos, cueros, carne salada y caballos. La economía floreciente despierta la codicia de corsarios y piratas. Contrariamente a otras poblaciones que se trasladan tierra adentro, Trinidad hace frente a los bandidos del mar habilitando su propia flota. En consecuencia, durante una parte de los siglos XVII y XVIII los corsaqrios trinitarios infligen numerosas derrotas a ingleses y holandeses. El fruto de estas aventuras incorpora considerables riquezas a la economía de la Villa. Ya en 1797 Trinidad posee 56 fábricas de azúcar y 11 mil 697 esclavos. Se expanden el comercio, las artes y las ciencias. Alejandro de Humboldt visita Trinidad y estudia la flora y la fauna locales. Se funda la primera imprenta, circula el primer periódico, se abren escuelas de idiomas, de música y de danza. Talleres de orfebrería y comercios de todo tipo ofrecen sus mercancías.
Los hijos de las grandes familias marchan hacia las universidades europeas. En 1827 abre sus puertas el teatro Cándamo. Los acaudalados patricios se hacen construir opulentas mansiones que en su mayoría son hoy museos.
Tal esplendor, sin embargo, bien pronto se derrumba. Incapaces de competir eficazmente con las nuevas tecnologías productivas que se derivan de la Revolución Industrial, fundamentalmente debido a que producen sobre la base del trabajo esclavo, los grandes productores de caña de azúcar pierden terreno en el mercado mundial y terminan con la ruina en la segunda mitad del siglo XIX. Este colapso del comercio y la industriua azucareros __base principalísima de la economía trinitaria__, fue un factor determinante en la conservación del empaque colonial de la ciudad, dado que el ritmo de las construcciones prácticamente se detuvo, especialmente en el actual casco histórico. Por eso Trinidad es hoy, junto con La Habana Vieja, una de las pocas ciudades latinoamericanas que han conservado su entorno arquitectónico y urbano original, sin haber sufrido modificaciones sustanciales. Las construcciones trinitarias combinan el estilo neoclásico con detalles del barroco y el rococó adaptados al trópico. El trazado de las calles se ejecutó con arreglo a ala necesidad de aprovechar al máximo la sombra y la frescura durante las horas diurnas. Para las calles se utilizaron piedras ligeras, pero muy resistentes, de variadas formas y tonalidades. Estas calles empedradas es uno de los atractivos de la ciudad. Los techos de las casas de la Tercera villa cubana, fundada en enero de 1514, son hileras simétricas de tejas que coronan las mansiones señoriales y otras edificaciones y que confieren a la ciudad una apariencia muy particular. Otro de los encantos de Trinidad son las rejas que adornan parques, centros religiosos y varias casonas coloniales, tanto en sus ventanales como en sus amplios portalones. La ciudad constituye un interminable muestrario de estos encajes de hierro que se pusieron de moda a comienzos del siglo XIX. |