Ciego de Ávila: Casas de cultivo protegido + trabajo cotidiano = éxito

El verdor de adueña del paisaje avileño. Foto José Rafael Gómez Reguera..Crónicas desde la sede del 26 en Cuba (IV)

Texto y foto: José Rafael Gómez Reguera

(Enviado especial)

24/julio/2011

El ómnibus pasa raudo por la geografía avileña, pero algo llama poderosamente la atención al reportero: las casas de cultivo protegido son numerosas. Es aún temprano en la mañana, la neblina abarca buena parte del terreno, y las luces interiores de algunas de estas naves se aprecian tenues en la distancia. Quienes allí laboran también han hecho su aporte para que Ciego de Ávila alcanzara la sede del acto central nacional por el 26 de julio.

Parte del sistema de la agricultura, la tecnología de cultivar con determinados niveles de protección contra el sol y el viento ha proporcionado altas cifras de alimentos, entre hortalizas y vegetales de los cuales se dispone todo el año y satisfacen necesidades muy puntuales, como las generadas por los polos turísticos, además de comercializarse en la red de mercados locales.

Datos recientes dan cuenta que en la provincia sede de las actividades nacionales por el aniversario 58 del asalto al cuartel Moncada, de Santiago de Cuba, y el Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo, utilizan las casas de cultivos protegidos desde hace 15 años, pues fueron sus iniciadores en la Mayor de las Antillas.

Tal tecnología proporciona pimientos, tomates, melones, pepinos y otros alimentos, que contribuyen al ahorro de divisas al disminuir considerablemente las importaciones. Las más de 24 hectáreas “sembradas” de estas casas posibilitan un control de los nutrientes del terreno, de las plagas y enfermedades que pudieran azotar a los vegetales, y del agua imprescindible para las plantaciones.

Ciego es, además, terreno fértil para empujar a las pequeñas industrias hacia el lugar que merecen, y así lo confirman las más de 254 mil barras de dulce de guayaba aportadas a la empresa Ceballos para su comercialización por la familia Pino Rodríguez.

Pero no solo hay “tela” por donde cortar en materia productiva. También en el ámbito educacional crece la “cosecha” de la Universidad de Ciencias Pedagógicas Manuel Ascunce Domenech, cuyo último curso otorgó títulos a más de 700 licenciados que pronto se incorporarán a las aulas para sembrar en niños y jóvenes la sed por el conocimiento, más que lo ya conocido en sí.

Veo por la ventanilla que hay muchas campanillas de las que desde niño aprecié en el patio de casa y que constituyen lugar seguro para que las abejas liben y fabriquen sus dulces néctares, miel y propóleos. Esas flores, aún en zonas rurales, embellecen un paisaje que se adorna de pocetas, lagunas, arroyuelos y ríos poblados de plantas de color verde intenso. ¿No es ese el color de la esperanza que se abre, trabajo de por medio? Y si es así, de seguro hay éxito.

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26 julio 2011