Con violín al hombro
Por: Carlos Luis Sotolongo Puig*
8/jul/2011
Cuando el sol da los buenos días a la ciudad de Trinidad, un hombre recorre despacio las calles de la tierra que lo vio nacer con un violín al hombro en busca de una nueva melodía.
Es Alberto José Zerquera Escorcia: Albertico, el amigo de tantos trinitarios, de espíritu jovial entregado en el escenario de todas las Semanas de la Cultura. Atado al pentagrama desde los siete años, compone luego de la media noche mientras contempla su primer violín, regalo de su padre.
Hoy, desempolva sus memorias en el patio de una casa colonial, con una taza de café a su lado. El camino empieza cuando ganó una beca en la escuela de Arte Cubanacán y sus profesores Digna Guerra, Isolina Carillo y Hugo Barreiro le animaron a entregarse, sin medidas, a la música.
“Ese fue el inicio de mi carrera profesional, aprendí a escoger un repertorio como instrumentista y como cantante”, comenta.
¿Por qué el violín si es uno de los instrumentos que requiere más años de estudio?
“Siempre sentí pasión por este instrumento. No importa que sea cantante o compositor: sin el violín no puedo estar. Quiero que me acompañe hasta los últimos días de mi vida.”
De la capital partió rumbo a Santa Clara como integrante de la Orquesta Sinfónica de la ciudad. Interpretar los conciertos de Vivaldi, Mozart, Chopan… permitió al músico ejercitar todo lo aprendido en sus años de estudios.
Más tarde formó parte de la Orquesta Sinfónica Nacional, ¿cómo asumir este nuevo reto?
“Mantener en Cuba la música culta en el gusto del pueblo fue una responsabilidad muy grande; a veces, tuve miedo. Los ensayos eran exhaustivos, pero nunca me arrepentiré. Aprendí a valorar mucho más la responsabilidad. Muchos músicos anhelan estar en tan prestigiosa orquesta, yo tuve esa suerte”
¿Por qué incursionar en la música popular?
“La música clásica no bastaba. Soy muy versátil, por eso me adentré en los géneros populares, de tipo charangas. Con mi violín toqué boleros, guarachas, baladas y sones de Orquestas como La Melodía del 40, Estrellas Cubanas, América, Ilusión 60, La Sublime, entre otras. También canté.”
“Un encuentro casual con Héctor Tellez y Amelia Frades me impulsó a comenzar una carrera en solitario. Empecé entonces a participar en Festivales de la Radio, Boleros de Oro, Juan Arrondo, Roberto Faz, Joseíto Fernández donde coseché lauros meritorios. Soy una persona privilegiada, compartí escenario con amiigos como Beatriz Márquez, Omara Portuondo, Gina León, Moraima Secada, Mundito González…”
¿Violinista que canta o cantor que toca violín?
“Violinista que canta. Eso soy. Aunque me cante y escriba letras, el violín siempre primero. Mientras lo toco recuerdo todo lo vivido.”
¿Por qué regresar a Trinidad en cada Semana de la Cultura?
“Es la tierra que me vio nacer y crecer. Siempre que me inviten vendré a cantarle a mi amado pueblo, a mis amigos. Cuando salgo al escenario trinitario el nerviosismo es el mismo. Trinidad es especial para mí.”
Sueños pendientes…
“Seguir superándome, escribir más canciones, exigirme cada día más como intérprete para así poder dar lo mejor a mi Ciudad de Trinidad, cultivar siempre la música popular cubana. Yo quisiera tener mi violín hasta los últimos días de mi vida para tocarlo”.
*Estudiante de Periodismo.