El pueblo es tu imagen
Por: Carlos Luis Sotolongo Puig*
6/feb./2012
A un nuevo aniversario del nacimiento de Camilo,
porque su carisma siempre nos acompañará…
Aquel 6 de febrero de 1932 el sol alumbró como nunca antes la barriada habanera de Lawton cuando escuchó el llanto de un recién nacido desde una de sus casas porque comprendió que aquel niño que gemía había llegado a este mundo para dejar una huella inmortal en el alma de Cuba.
Camilo Cienfuegos fue un hombre signado por la modestia de los pobres y la grandeza de los héroes, destinado a permanecer en las páginas de la historia patria por su valentía, sencillez y jovialidad.
Mucho se ha escrito sobre sus hazañas, su participación como figura trascendental en la Invasión a Occidente y tantas otras batallas. Además de erigirse como Héroe de Yaguajay, Camilo fue un joven cuya apretada economía familiar obligó a abandonar el sueño de conquistar el universo del arte como alumno de la Academia de San Alejandro para convertirse en aprendiz de sastre y así ayudar al sustento de su padre Ramón y su madre Emilia.
Fue un apasionado a la pelota, que con poco más de 23 apresado por el régimen dictatorial soportó las torturas de manos de los esbirros por participar en protestas encaminadas a lograr tiempos mejores para esta Isla. Lo condenaron al exilio y ahí decidió no descansar hasta alcanzar la victoria de su país y abordó, con la sonrisa ancha, el yate Granma junto a aquellos jóvenes dispuestos enfrentarse a la dictadura de Batista.
Su mano disparó el fusil pero también ayudó a sus compañeros cuando hubo fatigas en la Sierra. Su voz criticó con furia las malas conductas pero dio aliento a quien lo necesitó. Alcanzó el grado de Comandante en la guerrilla pero siempre permaneció con su tropa bajo el sereno de la noche. Se convirtió en el Jefe del Estado Mayor del Ejército Rebelde y fue el amigo inseparable con quien el Che compartió secretos. Dio discursos a las masas desde las tribunas pero caminó junto al pueblo por las calles. Camilo se convirtió en aquel líder mítico pero siempre recordó sus raíces en el barrio capitalino de Lawton.
Hoy lo recordamos como el Señor de la Vanguardia, sí, pero también como aquel niño, joven, hombre, ser humano, que vivió por y para su país y que con solo 27 años dejó su alma entre el azul de las aguas del mar y el verdor de las palmas reales tan grandes e inmensos como su impronta.
Por siempre permanecerás entre tu pueblo mientras la brisa susurra despacio los versos de este poema:
Capitán tranquilo,
paloma y león,
cabellera lisa
y un sombrero alón.
Cuchillo de filo,
barbas de neón,
una gran sonrisa
y un gran corazón.
*Estudiante de Periodismo.